Nicolas Lehmann culmina una hazaña inédita en el Mont Blanc: cuatro cumbres, cuatro vías, cuatro días en solitario

17/06/2026

Nicolas Lehmann durante su ascensión en solitario al Mont Blanc por una de las cuatro vías del reto

El Mont Blanc ya es un desafío en sí mismo. Nicolas Lehmann decidió convertirlo en cuatro. Entre el 12 y el 15 de junio de 2026, el ultratrailero y alpinista suizo encadenó cuatro ascensiones al techo de los Alpes por cuatro itinerarios completamente distintos, en cuatro jornadas consecutivas y sin ningún tipo de asistencia externa. Una primera mundial que podría marcar la historia de los FKT (Fastest Known Time) en montaña.

Cuatro vías, un mismo objetivo: la cumbre de Europa occidental

Cada vía de acceso al Mont Blanc tiene ya sus propias referencias cronométricas individuales. Lo que convierte el proyecto de Lehmann en algo distinto no es la dificultad de cada ascensión por separado, sino la idea de encadenarlas todas, una tras otra, en autosuficiencia total y durante cuatro días seguidos.

El itinerario fue el siguiente. El primer día, ascenso por Les Grands Mulets, la vía invernal de la cara norte, con salida desde Chamonix. El segundo día, la ruta normal de verano por Le Goûter, partiendo de Saint-Gervais. El tercer día, la Travesía Real, un recorrido que parte de Les Contamines y cruza el macizo hasta enlazar con la Aiguille du Midi. Y el cuarto y último día, Les 3 Monts, ida y vuelta desde la propia Aiguille du Midi, cerrando el círculo del proyecto.

En conjunto, la hazaña suma 162,5 kilómetros y 17.671 metros de desnivel positivo. Para hacerse una idea de la magnitud: es más desnivel acumulado que algunas de las ultras de montaña más exigentes del calendario internacional, condensado en apenas cuatro jornadas y sobre terreno de alta montaña, con glaciares, tramos aéreos y la exposición constante a la altitud.

Sin asistencia, sin atajos: la modalidad que multiplica la dificultad

La modalidad elegida por Lehmann es probablemente la más exigente posible: el formato "unsupported". Esto significa que no contó con ninguna ayuda externa durante sus ascensiones. Sin avituallamiento proporcionado por un equipo, sin material depositado de antemano, sin asistencia logística. Tuvo que gestionar en solitario su alimentación, su equipamiento, su ritmo y su seguridad.

Esa decisión transforma un reto ya colosal en una auténtica prueba de autonomía en alta montaña. No es lo mismo subir cuatro veces el Mont Blanc con apoyo logístico en cada refugio que hacerlo cargando uno mismo todo lo necesario, gestionando la fatiga acumulada y tomando cada decisión de seguridad sin nadie más en quien apoyarse.

El factor meteorológico añade otra capa de dificultad: para completar un proyecto de este tipo se necesitan cuatro jornadas consecutivas con condiciones suficientemente favorables en un macizo donde el tiempo puede cambiar radicalmente en pocas horas.

Un imprevisto que pudo acabar con todo

El desafío no siguió exactamente el guion previsto. Durante la tercera noche, parte de su material técnico, incluido su arnés, fue robado. Gracias a una movilización improvisada de gente de su entorno, consiguió recuperar el equipo necesario para continuar con la aventura. Las condiciones de montaña también le obligaron a modificar una de las ascensiones previstas inicialmente.

Es el tipo de contratiempo que en cualquier otro contexto habría supuesto el final del proyecto. En un reto sin asistencia externa, sin margen logístico y con el reloj corriendo, perder material técnico esencial en plena noche es una de las peores noticias posibles. Que Lehmann lograra resolverlo y seguir adelante dice tanto de su determinación como de la comunidad de montaña que se movilizó para ayudarle.

Dos años de preparación para una idea que sobre el papel parecía simple

Detrás de esta aventura hay largos meses de preparación. Nicolas Lehmann llevaba casi dos años trabajando en este proyecto, con una idea sencilla sobre el papel pero feroz sobre el terreno: alcanzar cuatro veces la cumbre del Mont Blanc empleando cuatro vías diferentes.

Ese es precisamente el tipo de proyecto que separa una buena idea de una hazaña real. Cualquiera puede imaginar un reto así en una conversación de sobremesa. Llevarlo a cabo exige una planificación meticulosa, un conocimiento profundísimo del macizo y una capacidad física y mental fuera de lo común para sostener el nivel de exigencia durante cuatro días consecutivos sin fallos.

Una hazaña que conecta el trail running con el alpinismo clásico

El proyecto de Lehmann se mueve en ese territorio cada vez más habitado por los grandes nombres del trail de montaña: la frontera entre el ultrafondo y el alpinismo. No es carrera, no hay dorsal ni cronómetro oficial compitiendo contra otros atletas, pero el nivel de exigencia física, técnica y mental es comparable al de cualquier ultra de las más duras del calendario, con el añadido del riesgo objetivo que implica moverse por terreno glaciar y alta montaña en solitario.

Para la comunidad del trail running, hazañas como esta amplían los límites de lo que se considera posible. Cuatro cumbres al techo de los Alpes, por cuatro caminos distintos, en cuatro días, sin ayuda de nadie. El Mont Blanc ya era suficiente desafío para toda una vida de montaña. Nicolas Lehmann decidió que una vez no era bastante.

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